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La epidemia sobre dos ruedas

Fany Almazán

Luciérnaga Noticias

* Cura personalis y responsabilidad institucional frente a los accidentes de motocicleta en Huetamo

Por: Isahaí Abraham Vázquez Molina 

I. Un diagnóstico que no admite tibieza

Huetamo enfrenta una emergencia de salud pública que se manifiesta con la regularidad de una enfermedad: el accidente de motocicleta. No lo llamo así por efecto retórico, sino por rigor de comunicólogo de riesgos y desastres. Una enfermedad se define por su capacidad de expandirse cuando las condiciones que la originan permanecen intactas. Aquí las condiciones son conocidas —ausencia de casco, ausencia de licencia, ausencia de vigilancia, ausencia de educación vial— y, sin embargo, se toleran con una indiferencia que raya en la complicidad institucional.

No escribo esta columna para consolar. La escribo para exigir. Y exijo, en primer lugar, precisión: dejemos de hablar de “accidentes” como si fueran obra del azar. Un siniestro que se repite con el mismo patrón, en el mismo tipo de vía, a la misma edad de las víctimas, ha dejado de ser accidental. Es estructural. Y lo estructural se corrige con decisión, no con lamentos posteriores al hecho.

II. Cura personalis: la persona antes que la estadística

La tradición ignaciana enseña el principio de cura personalis: el cuidado de la persona en su totalidad, concreta e irrepetible. Ese principio debe gobernar cualquier política pública de seguridad vial. No hablamos de cifras que suben o bajan en un informe trimestral; hablamos de un adolescente de Huetamo cuya vida entera —su familia, su futuro, su comunidad— queda comprometida por la ausencia de un casco que cuesta menos que el celular con el que se documenta el accidente minutos después de ocurrido.

Cuidar a la persona en su totalidad exige que ninguna institución se limite a su función administrativa. Protección Civil no puede reducirse a levantar actas de siniestros. La autoridad de tránsito no puede reducirse a extender multas ocasionales. La escuela no puede reducirse a impartir contenidos ajenos a la vida real de sus estudiantes. Cura personalis significa que cada institución asuma a la persona concreta que tiene enfrente, no al expediente que produce.

III. El casco: una decisión, no un accesorio

La evidencia técnica es inequívoca: el uso correcto del casco reduce de manera sustancial el riesgo de traumatismo craneoencefálico severo, causa principal de muerte en siniestros de motocicleta. No es un tema opinable. Es un hecho verificado que exige una respuesta institucional, no una campaña de buena voluntad que se apaga a los quince días de difundida.

Quien conduce sin casco no ejerce una libertad; traslada el costo de su omisión a su familia, al sistema de salud pública y a los cuerpos de emergencia que después deben responder ante lo irreversible. La libertad sin responsabilidad no es libertad: es negligencia con apariencia de autonomía.

IV. Magis: no basta con hacer algo, hay que hacer lo suficiente

El principio ignaciano del magis —el “más”, lo que verdaderamente importa— exige que abandonemos la lógica de la acción mínima. No basta con una jornada de sensibilización al año. No basta con un operativo después de cada tragedia que ocupa los titulares por 48 horas. La magnitud del problema en Huetamo exige una estrategia sostenida, medible y evaluada con la misma seriedad con la que se evalúa cualquier riesgo de desastre.

Pedro Arrupe, al hablar de hombres y mujeres para los demás, no describía una aspiración sentimental, sino un criterio de acción: la medida de nuestras instituciones no está en sus discursos, sino en si efectivamente disminuyen el sufrimiento de quienes dependen de ellas. Bajo ese criterio, cabe preguntar con dureza: ¿cuántas vidas más está dispuesto a tolerar Huetamo antes de que la prevención deje de ser discurso y se convierta en política pública permanente?

V. Corresponsabilidad: nadie queda exento
La solución no admite actores exentos. Enumero responsabilidades concretas, sin ambigüedad:
● Autoridad municipal y de tránsito: aplicación consistente del reglamento vigente, sin excepciones por relación personal ni por tolerancia electoral.
● Instituciones educativas: educación vial incorporada como formación permanente, no como actividad extraordinaria.
● Familias: reconocer que permitir que un menor conduzca sin casco ni supervisión no es confianza, es exposición evitable al riesgo.
● Medios de comunicación: mantener el tema visible con seriedad, sin sensacionalismo y sin abandono una vez que la noticia deja de ser inmediata.
● Protección Civil y cuerpos de emergencia: fortalecer capacitación, respuesta y, sobre todo, prevención comunitaria dirigida a los sectores de mayor riesgo.

Ninguna de estas responsabilidades sustituye a las demás. Todas son necesarias; ninguna es suficiente por sí sola.

VI. Conclusión: examen y decisión

La espiritualidad ignaciana enseña el examen: la revisión honesta de lo actuado antes de decidir el siguiente paso. Huetamo necesita ese examen como comunidad. No para justificarse, sino para decidir con precisión qué se hará distinto a partir de hoy.
Como comunicólogo especializado en riesgos y desastres, y como parte de esta región de Tierra Caliente, sostengo que esta “nueva enfermedad” es evitable. No por optimismo, sino porque conocemos su causa y conocemos su remedio. Lo que falta no es información: es la voluntad institucional de actuar con la firmeza que la evidencia exige.

Isahaí Abraham Vázquez Molina es Comunicólogo especializado en comunicación social y colaborador en temas de comunicación digital, riesgos y desastres.