La tr*ged!a de los sacerdotes: una h3r!da que no cicatriza
Fany Almazán
Luciérnaga Noticias
En los dos últimos sexenios, México ha sido testigo de una viol3nc!a que no distingue credos ni vocaciones. Según datos de organizaciones eclesiales y de seguridad, más de una decena de sacerdotes han sido as*s!nados en este periodo, convirtiendo al país en uno de los más peligrosos para ejercer el ministerio religioso en América Latina.
El caso de Cerocahui, Chihuahua, donde dos jesuitas fueron ej3cut*dos en junio de 2022, se convirtió en símbolo de esta tr4gedia. La indignación de la Compañía de Jesús, de los obispos mexicanos y del propio Papa Francisco tensó la relación con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que insistía en su política de “abrazos, no balazos”. Una estrategia que, en la práctica, mostró sus límites frente al poder del cr!men org4n!z*do y la incapacidad del Estado para proteger a quienes acompañan a las comunidades más vulnerables.
El patrón es claro: los sacerdotes as*s!nados no fueron víctimas circunstanciales, sino objetivos de grupos crim!n4les que los percibían como obstáculos a sus intereses. Su labor pastoral —defender a los pobres, denunciar abusos, mediar en conflictos— los colocó en la primera línea de riesgo. La v!ol*ncia contra ellos refleja la descomposición social y la ausencia de garantías mínimas de seguridad en regiones enteras del país.
Más allá de las cifras, cada as3s!n*to representa una fractura en el tejido comunitario. La mu3rte de un sacerdote no solo es la pérdida de una vida, sino la ruptura de un liderazgo moral, de un referente de esperanza y de un puente hacia la reconciliación.
Como comunicador y creyente en el poder de la palabra, no puedo permanecer indiferente. Los as3sin4tos de sacerdotes en estos dos sexenios son una herida abierta en la conciencia nacional. Mi voz se suma a la exigencia de justicia y a la necesidad de replantear políticas que han demostrado su insuficiencia. Porque recordar a Cerocahui y a tantos otros no es solo un ejercicio de memoria: es un compromiso personal con la verdad, con la dignidad y con la construcción de un país donde la fe y la vida no sean nunca más blanco de la vi0l3nc!a.
Isahaí Abraham Vázquez Molina