El jardín que soñamos: cuando el cine se convierte en un espejo de la lucha por nuestros bosques
Fany Almazán
Luciérnaga Noticias
🎬 El jardín que soñamos: cuando el cine se convierte en un espejo de la lucha por nuestros bosques
La película de Joaquín del Paso, presentada en el Festival Internacional de Cine de Morelia, invita a reflexionar sobre la migración y la defensa de la naturaleza, dos temas que hoy encuentran un profundo paralelismo con lo que sucede en los bosques de Tacámbaro, Michoacán.
Por Paulina Echagaray
Morelia, Michoacán, 19 de octubre de 2026.- En el marco de la 24.ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), se presentó El jardín que soñamos, el tercer largometraje del director mexicano Joaquín del Paso. Una película profundamente conmovedora que entrelaza dos realidades: el desplazamiento de quienes buscan una vida mejor y la destrucción de los ecosistemas que sostienen la vida.
La historia sigue a una familia haitiana que emprende un viaje en busca de un nuevo comienzo y encuentra refugio en los bosques del centro de México, donde la belleza de la naturaleza contrasta con la violencia y la explotación forestal.
En esta narrativa, la migración de la mariposa monarca adquiere un simbolismo especial: tanto los seres humanos como estas extraordinarias criaturas buscan un lugar seguro donde sobrevivir.
Pero lo que hace particularmente significativa esta película durante su presentación en Michoacán es que la lucha por preservar nuestros bosques no ocurre solamente en la pantalla. Está sucediendo ahora mismo, muy cerca de nosotros.
De la pantalla a la realidad: el bosque de Tecario
Mientras el público del Festival Internacional de Cine de Morelia reflexionaba sobre el mensaje ambiental de El jardín que soñamos, habitantes de comunidades del municipio de Tacámbaro mantenían una lucha por la preservación del bosque de Iglesia Vieja, en las inmediaciones del manantial Cutzaróndiro.
Y existe una coincidencia especialmente significativa: el mismo día de la premier de la película en Morelia, manifestantes se encontraban movilizados en la carretera Morelia-Pátzcuaro para exigir la protección de sus bosques.
Mientras dentro de las salas cinematográficas se proyectaba una historia sobre la fragilidad de la naturaleza y la necesidad de preservar la vida, fuera de ellas, ciudadanos michoacanos defendían precisamente esos mismos principios.
Dos escenarios aparentemente distintos, pero unidos por una misma preocupación: el futuro de nuestros recursos naturales.
Pobladores de San Juan Tecario, Pedernales y otras localidades han denunciado la tala de árboles y el riesgo que esta actividad representa para sus fuentes de abastecimiento de agua.
De acuerdo con reportes periodísticos publicados durante octubre, el conflicto involucra el aprovechamiento forestal de más de mil pinos. Los habitantes exigen la revisión y cancelación de los permisos correspondientes, mientras que representantes ejidales sostienen que sus actividades cuentan con autorización legal.
La inconformidad ha derivado en manifestaciones y bloqueos carreteros para exigir la intervención de las autoridades ambientales.
Y es precisamente aquí donde la película adquiere una dimensión todavía más profunda.
Porque mientras en una sala de cine nos conmueve la historia de quienes buscan proteger su hogar, en los bosques michoacanos hay familias que luchan por conservar el suyo.
La defensa del bosque de Tecario no representa únicamente una preocupación por los árboles. Para sus habitantes también significa proteger el agua, la biodiversidad y el patrimonio natural que desean heredar a las próximas generaciones.
Una película que merece verse
Durante las actividades del festival, tuve la oportunidad de asistir a un cóctel privado en el que estuvieron presentes el director, integrantes del elenco y diversas personalidades que se dieron cita para acompañar esta producción cinematográfica.
Fue una velada especial que permitió acercarnos al lado humano de una historia cuyo mensaje trasciende las fronteras del cine.
El jardín que soñamos es una de esas películas que recomiendo ampliamente al público del Festival Internacional de Cine de Morelia.
No solamente por su sensibilidad narrativa y su propuesta visual, sino porque nos invita a cuestionar nuestra propia responsabilidad frente a los problemas ambientales y sociales que nos rodean.
¿De qué sirve conmovernos ante la destrucción de un bosque en el cine si permanecemos indiferentes cuando nuestros propios bosques están en riesgo?
Esta es, quizá, una de las reflexiones más importantes que podemos llevarnos de la película.
El cine tiene la extraordinaria capacidad de hacernos mirar realidades que muchas veces preferimos ignorar. Y cuando esas historias encuentran un eco tan cercano en nuestra propia tierra, su mensaje adquiere todavía mayor fuerza.
Mi recomendación es clara: no se pierdan El jardín que soñamos.
Es una historia que conmueve, sacude conciencias y nos recuerda que proteger la naturaleza también significa proteger la vida, nuestras raíces y el futuro de quienes vendrán después de nosotros.
Porque todos merecemos un lugar donde nuestros sueños puedan florecer.
Y ningún jardín podrá florecer si primero permitimos que desaparezcan sus árboles.
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